sábado, 9 de agosto de 2014

El Plan B

...Así, bravamente, un día decidió que iba a vivir sólo de principios. Si las cosas tenían que ser de tal manera, irremediablemente, ¿porque no iba a disfrutar eternamente de noches sin fin, de los primeros e interminables besos, y de preciosos halagos de conquista?
Siempre le venían con la misma cantinela:
- No hay nada que hacer. A todos les pasa lo mismo y, en cuanto sucede, olvídate de recuperarlo.
Pero si había una solución -pensó- podía evitar que eso pasara, poniendo freno en el mismo instante en que las cosas cambiaran. No iba a ser difícil enamorarse una y otra vez, de distintos cuerpos, de diferentes personalidades, pues era evidente que siempre se había deleitado en descubrir. Sí, sí, y, a la par que sencillo, iba a ser indescriptiblemente delicioso. Siempre en el mismo estado de excitación y nerviosismo, constantemente adulada, mimada, cuidada y poseída. Sí, siempre de distintas maneras, e invetablemente nunca por el mismo hombre, pero siempre bajo la misma intensidad.
Entonces se dió cuenta de algo y dudó, por lo que su resolución empezó a tambalearse. Lo complicado, claro está, iba a ser DESENAMORARSE. Y, si ya era difíl hacerlo de un cualquiera, ¡¿cómo iba a conseguirlo de una mente y un cuerpo que la sacudiesen por igual?! Pero se le ocurrió: ¿Acaso no es más complicado adaptarse? ¿No es más duro aceptar que nunca más volvería a haber otro principio, un principio de los de verdad, con la misma persona? y ¡Cuán arduo iba a ser el trabajo de entender a la otro, de dialogar y negociar con él, por no hablar del evitar caer en la anestésica, cruel y a la vez tentadora felicidad tranquila!
Por mucho que alargara el debate, no conseguía establecer cuál de las dos opciones era la más complicada, ni qué camino de los dos sería el menos intransitable para ella teniendo en cuenta sus capacidades. Y, cuando decidió que tenía que enfocarlo todo desde otro ángulo diametralmente opuesto, borrando de su cabeza todas estas ideas como quien limpia una pizarra de frases para volver a escribir de nuevo, entendió, por fin, cual era la solución. Intentó averiguar, no ya qué era lo más difícil de hacer, sino todo lo contrario, cuál de las dos opciones le iba a ser más fácil por cuanta dicha le fuese a aportar, y se preguntó: ¿Qué es lo que realmente deseo?
Fue entonces, al intentar dar respuesta a su propia pregunta, cuando supo, con claridad, cuál era la respuesta a tan tremendo y contradictorio debate sobre el amar. Porque... no podía renunciar a la felicidad de compartir experiencias, intereses comunes, detalles y sí, también algunos tropiezos. Realmente quería poder confiar hasta tal punto que no cupiese duda alguna. No concebía posibilidad de dejar de planear aventuras, deseos a largo plazo, e incluso locuras inancalzables, con la complicidad de otro. Deseaba seguir contruyendo cosas preciosas que prometen ser lo más maravillo de recordar en una vida entera. Sí, por encima de todo quería seguir aprendiendo. Y conluyó:  Si en realidad es ese, ese del que es inevitablemente imposible desenamorarse, encontaré la manera de tenerlo todo. Por lo tanto, vivir sólo de principios sólo podía quedar como escuálida segunda opción. Un desesperado Plan B.

 Niña voladora
por las alturas vuelas tu sola,
vuela tranquila que yo te espero,
aquí en la tierra pa' darte gloria

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