Capítulo 29. Como el primer día

"Las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene, con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorver simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. y hay una sola saliva un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua"
Júlio Cortázar, Rayuela.

Dame más besos de los que nos gustan. Besos de esos que hacen que se nos pase el tiempo volando. De tres vueltas. En los que continúas con los ojos cerrados, aún y cuando ya no hay besos, porque quieres seguir saboreándolos. Besos que nos hagan sentir como el primer día...

Elliot Erwitt, New York, 1955

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