Otro nuevo cuento de uno de mis escritores preferidos

Sí, el concierto de Jamie Cullum fue el acontecimiento cultural más impactante al que los dos habían acudido en los últimos años. No sólo por el impacto de ver al músico en vivo, con su piano, su hipnótica música y sus locuras como gran escenografía musical, sino también por el hecho de encontrarse con los personajes más peculiares y influyentes, en materia artística, de la vanguardista ciudad de Barcelona. Durante los primeros cien metros de camino a casa de él, la conversación se centró en la música y en los gestos del artista, pero no hubo tiempo de comentarlo demasiado, pronto se centraron en algunos de los asistentes al concierto con comentarios fuera de tono, cotilleos, y alguna que otra risa de complicidad al nombrar alguno de esos personajes.

Si fueron a casa de él era porque vivía muy cerca de la sala de conciertos donde habían pasado las últimas horas. Una vez ahí ella saco una bolsa con los restos de lo que en algún momento fue una abundante recolección de maría, pero él la detuvo, era tarde y debía ayudarle a preparar la cena. Después de cortar las patatas entre los dos y mientras la conversación les iba recordando sus ya pasados años de universidad, él afirmo que su tortilla de patatas era excelente, y que seguro que después de esa noche ella no podría saborear ninguna otra tortilla sin que esa saliera perdiendo comparativamente.

Sí, efectivamente, ella tenía razón cuando pensó que él exageraba, la tortilla estaba buena, pero le faltaba un poco de sal y había puesto demasiado aceite.

Era ya muy tarde, los búhos ya no pasaban a esa hora y el metro estaba cerrado, así que él se ofreció para acompañarla a casa, admirada por ese gesto de caballerosidad arcaica ella aceptó animadamente su oferta. Entraron despacio, vigilando de no despertar a las compañeras de piso, que hacia ya varias horas que estaban durmiendo en sus dormitorios. La habitación de ella se encontraba más alejada, así que pudieron seguir la charla hasta tarde, hasta quedarse los dos dormidos en su cama. Ella estaba apoyada contra la pared y el se encontraba a los pies de la cama y con las piernas encima de un sillón que ella utilizaba para acumular la ropa sucia. Medio dormidos intentaron sacar el colchón que había debajo de la cama, pero la operación falló por la falta de voluntad que los dos pusieron en ello. Terminaron los dos echados dentro de la cama de ella, no era de matrimonio, pero si era lo suficientemente amplia como para que aun quedaran unos centímetros entre los dos.

Sí, estaba claro desde hacia ya un rato, fue justo cuando se acomodaron en la cama que el sueño desapareció, los dos, con los ojos cerrados imitaban el ruido que hacen los sueños mientras dormimos, pero ninguno de ellos era muy convincente. Él se acerco a la oreja de la chica, y le dijo “Tranquila, no aprovecharé la oportunidad para meterte manó”, los dos sacaron una sonrisa de esas palabras. De esta forma mientras le susurraba estas palabras en su oído él no empezó a acariciar las caderas de ella. No acarició su cuello con sus labios, ni tampoco bajó su mano hasta sus piernas mientras acercaba su cuerpo al de ella. No se desnudaron el uno al otro utilizando sus manos, sus piernas, sus dientes y todo su cuerpo. En ningún momento, durante la larga noche, la lengua de él jugo con lo pezones de ella mientras su mano los agarraba con dureza y ella disfrutaba relamiéndose los labios con ello. Él no utilizo la funda del cojín para atarla por las muñecas, y mientras él no la ataba, ella tampoco le decía que era un puto cabrón, a lo que él no le respondía que ella era una furcia. Él no aprovecho que la tenía atada para devorar cada rincón escondido de su cuerpo, desde sus labios, a su cuello, sus pechos, su cintura y menos aun su coño. Su lengua no se alimentó del clítoris de ella, a lo que ella no podía responderle curvando su cintura y todo su cuerpo como si fuera una serpiente y sacando pequeños gemidos que salían por sus labios directamente desde su pecho. Ella no intentaba desatarse una y otra vez para así poder agarrarlo del pelo y intentar que su lengua llegara hasta sus entrañas. Al no estar atada, no pudo darle un bofetón al chico en el momento que este la soltó, y por eso mismo, él no se excitó más después de ese gesto.

Más tarde, él no noto la larga melena pelirroja pasearse por su rostro, por su cuello, por su pecho y por su barriga, no noto los labios de ella, ni su lengua. Esa noche no unieron su respiración en una de sola, creando un único ritmo que incluso el peor de los compositores hubiera podido utilizar para crear la más pasional de las melodías. Él no entro dentro del cuerpo de ella una y otra vez, hasta llegar a conocer los secretos más escondidos que ella guardaba en él. No estuvieron toda la noche en vela retomando esa misma melodía e inventando de nuevas. Cada una de ella más carnal, más lasciva y más morbosa que la anterior.

A la mañana, ella fue la primera en abrir los ojos y darse cuenta que los dos estaban desnudos. Ella no lo entendía, dado que durante esa noche los dos habían estado durmiendo, y si él hubiera intentado desnudarla, se hubiera dado cuenta. No entendía porque su piel olía a sudor, no recordaba haber tenido calor durante la noche. Como no le dio mucha importancia, ella no se puso contemplar a su amigo, desnudo y sudado en su cama, y esto no le pareció morboso. Por lo cual en sus dedos no llego a poner un poco de saliva, ni tampoco bajo la mano hasta su sexo. Tampoco acarició con fuerza su pecho, recordando como él lo había hecho, dado que él nunca le había hecho algo parecido. Sus dedos no estuvieron largo rato jugando entre sus piernas, como sus ojos no miraban fijamente a su amigo mientras dormía. No pudo mojar sus dedos al momento de correrse, dado que no se estaba tocando, y esos dedos que no estaban mojados, no pudieron acariciar los labios del chico, como si los echaran de menos.

Sí, cuando él despertó noto un sabor en sus labios que no pudo identificar. Ella ya tenia listo un desayuno a base de café con leche, zumo de brik, galletas y tostadas con nocilla. Estuvieron comiéndose ese pequeño banquete de media mañana hasta que él tuvo que irse por fin. Hubo un instante, mientras él hacia bailar la cuchara en su café y mientras ella mordisqueaba una de las tostadas, que se miraron y les pareció recordar algo, algo que olvidaron a los pocos segundos. No sabían que debían recordar, dado que durante esa noche no había pasado nada excepcional. Esa sensación les acompaño durante el resto del día, un malestar de algo que no había pasado, ni pasaría jamás. Cada uno en su casa el agua fría de la ducha recorría sus cuerpos y se perdía por el desagüe.

A veces en los cuentos, en realidad no pasa nada‏...
o puede pasar de todo.
J. B.

¡GRACIAS!

Comentarios

  1. muy bonito, aunque no pase nada y pase de todo...

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  2. mmm... Yo creo que tú y tu escritor misterioso deberíais escribir un cuento juntos :)

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