lunes, 21 de junio de 2010

Yo tampoco quiero saber el secreto

...una morena de pelo rizado en cuyos rizos muchos hombres podrían perderse una infinidad de veces sin llegar nunca a encontrar una salida...
J. B.
Ayer me contaron un cuento increible, como los que a mí me van, caliente y precioso a la vez. Es un cuento pequeñito pero lleno a rebosar: tatuajes, un espejo mágico, sexo, voyareismo... Y me da pena por el pobre cuento -que ya tiene suficiente con lo suyo porque sus amiguitos cuentos le giran la cara cuando lo ven por no tener moraleja- porque sólo va a ser leído por mí en toda su vida...
Sobre el narrador ¿qué decir? los buenos amigos nunca dejan de sorprenderte. Quizá, como a su cuento, le hayan girado la cara muchas veces en la vida. Yo me alegro de no haberlo hecho nunca, pues detrás de las cosas poco comunes siempre encuentro tesoros, ya sean cuentos sin moraleja u hombres impredecibles.
Me voy a leer cada noche mi nuevo cuento antes de ir a dormir. Un cuento así merece ser leído un millón de veces, aunque el millón lo tenga que hacer yo sólita.

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