miércoles, 26 de mayo de 2010

La excusa perfecta

Ahora no sonará nada convincente, lo se, pero juro por mi facebook y la cuenta en spotiffy (que algún día conseguiré tener) que es verdad que hace mucho tiempo que quería hablar de ella:

MI PRIMERA HEROINA (verla)

Cuando la ví por primera vez, en plena acción ella, pensé: "¡Ah! pero ¿se puede ser así en el mundillo del arte?" Y esque, ver a la Cuesta hablando de la relación entre el anime y el teatro tradicional japonés en medio de un seminario de arte contemporáneo en tu primer año de carrera, impacta bastante. Sobretodo teniendo en cuenta que hasta el día los ponentes habían estado hablándonos de cosas para nosotros entonces soporíferas e inintelegibles y cuya mediana de edad no era inferior a la cincuentena....
Me había echo mucha gracia que nuestros nombres fuesen fonéticamente iguales y se apellidase como una de mis mejores amigas del momento. Una chorrada sí, pero una chorrada gracias a la cual la conocí y una chorrada que, con los años, ha traido cola y cachondeo por ser a veces confundida con ella. En plan: ¡Sí! ¡Ya me gustaría haber escrito esa crítica! o ¡Qué vah! ¡yo no he grabado ningún programa de radio!
Desde entonces mi camino siempre me ha llevado a Mery sin proponérmelo. Los artículos que deboraba ansiosa los miércoles de verano sin recordar que era ella, el Master de Crítica y Comunicación, la fascinación por el oscuro mundo del renegado Larry Clark (del que yo creía ser la única adepta), Estanbul (aunque de maneras muy diferentes), el comic, el comisariado, el cine, lo castizo, ¡si incluso la batería es el instrumento que me hubiese gustado aprender a tocar si se me hubiese dado bien la música! Tengo la sensación de que anda cuatro pasos por delante mío y el amargo sentimiento de que nunca alcanzaré su paso.
Fue por tanta deleitación que cuando nos propusieron hacer una entrevista en relación a la economía y el arte, no dudé en abordarla. Y fue un placer compartir unas birras al calor de un bar del Raval con ella para hablar de cómo se las monta para derrapar en los márgenes del tema.
Sigo tras de ella, y espero que por mucho tiempo.

Ahora me propone hacer algo, ¡yo no quepo en mí de tanta alegría! Y todo gracias a este pequeña parcelita de mundo virtual en la que he plantado mi huerto.

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