Esto no es una despedida

De tan enredada que te has quedado en mí ya no hay nada que pueda quitar estos nudos. Y no se dónde acabas tú y dónde empiezo yo. Pero me gusta... Así que no pienso peinarme.

El arte no sólo trajo al arte, también te trajo a ti, dejándome así con él una deuda pendiente muy cara. Empezamos mal, pero hemos aprendido mucho. Ahora sabemos recojer amapolas y flores de cerezo cuando están por el suelo y regarlas con esmero cuando sacan pechito al sol. Mimarnos aunque no haga falta, a pesar de que no haya tiempo. Que se nos duerma la oreja al teléfono ¡pero no más de una hora! cuelga que te llamo yo. Paladear los clásicos poco a poco e ir a full con los contemporáneos. Diseccionar la vida, hacerla pública sin vergüenza y explicárnosla una y otra vez. Leer por encima, hasta el fondo y entre líneas, leer, leer, leer y leernos. Mezclar tu escritura con la mía. Inventarnos el mundo a nuestra manera y vivir de las ficciones. La intensidad es una forma de vida. Nos va jactarnos de la vanalidad. Complementarnos sin completarnos. Acabarte las frases con la palabra adecuada, que empieces las mías con el nombre que se pega a la punta de mi lengua. Prestarnos los posos para tener dos manzanas en vez de una.  Irnos lejos, juntas o no es lo mismo, pero siempre volver. Ponerle banda sonora a los días y resumirlos en cuatro frases de cachondeo. Despedirnos en la playa...
Me fascina la liquidez de tu ser. Siete años y medio dan para conocer muchas tús pero yo se que aún no me las he acabado todas y, estoy convencida, pelándote voy a conseguir saborear más gajos. Nunca recuerdo de qué color son tus ojos ni se cuántos lunares tienes en el cuerpo, pero eso ya se lo dejo al que te traiga la tormenta. Que no te asustes porque estés desganada, es normal cuando en la carta no hay más que comida basura. Pero ahora eso no importa, tienes algo grande por delante y yo sólo espero que el viento te revuelva la melena ¡pero no te vuelvas más loca, por Dios!
Me gustaría ser tan valiente como tú, pero tengo mucho miedo.

Una media naranja no se encuentra todos los días...
Por eso, te propongo que hagamos de estos nudos una trenza infinita.















Este es el texto más difícil que he querido escribir nunca. Me araña en la garganta y me llena los ojos a rebosar.

Comentarios

  1. :( jo, bonita, qué difícil es leer con los ojos llenos de lágrimas... yo no sé qué habría sido de mi vida sin ti, pero seguro que no sería ni la mitad de feliz de lo que soy ahora leyéndote y exprimiendo en cada línia el jugo de mil naranjas. Siempre has estado ahí, cuando te necesitaba y cuando no, tb. No hay nada que valga todo lo que tú me has dado.

    Te quiero mucho aquí, en Andorra y en la conchinchina,claro que esto no es una despedida. No, no lo es. Pero eso no quita que duela :(

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